Ingeniería por clima · 18 min
Paneles solares en la Costa Caribe: salinidad, viento y qué exigir en la estructura
En Barranquilla, Cartagena y Santa Marta el sol sobra; lo que decide cuánto dura un sistema es la sal y el viento. Qué dice la norma colombiana, qué no cubre la ficha del panel y qué debe traer por escrito la propuesta.
Publicado el 13 de octubre de 2026
En corto
- En la Costa Caribe el panel suele ser lo último que falla. La sal ataca primero lo que lo sostiene y lo conecta: perfiles, tornillería, puesta a tierra, conectores y cajas. El ensayo de niebla salina IEC 61701 evalúa el módulo, no la unión con la estructura.
- El mapa de viento del reglamento colombiano de construcción (NSR-10, capítulo B.6) ubica a Barranquilla y Cartagena en su región de mayor velocidad en el territorio continental: 36 m/s, 130 km/h, como ráfaga de 3 segundos a 10 metros de altura. Santa Marta queda sobre el borde de esa región. Para San Andrés y Providencia el Decreto 1711 de 2021 subió las velocidades a 200 y 220 km/h.
- La NSR-10 no menciona los paneles solares: el ingeniero los calcula con las reglas generales, como las de componentes y las de equipos sobre cubierta. Por eso la memoria de cargas de viento firmada por un ingeniero no es un trámite, es el único documento que dice si tu montaje aguanta.
- Los 2.400 Pa que anuncia la ficha de un panel son carga de ensayo. La carga de diseño es esa cifra dividida entre 1,5, y baja según cómo y dónde se sujete el módulo.
- No existe una categoría de corrosividad oficial para cada ciudad del Caribe. Un estudio de la Universidad de Antioquia encontró que las estaciones de Cartagena y Barranquilla fueron las más agresivas de los 21 sitios medidos para el acero galvanizado y el aluminio, con más daño entre enero y mayo.
- Los fabricantes condicionan la instalación cerca del mar: hay manuales que piden al menos 50 metros y una garantía que exige más de 500. Mide la distancia de tu cubierta a la orilla antes de comparar marcas.
- El RETIE vigente, modificado en junio de 2026, no fija el material de la estructura fotovoltaica ni su carga de viento. Lo que no esté escrito en la propuesta no te lo va a exigir nadie por ti.
En la costa el panel es lo último que falla
Barranquilla, Cartagena y Santa Marta tienen el mejor recurso solar de las ciudades grandes del país, y las páginas de cada una en este sitio lo documentan. Por eso la pregunta en el Caribe no es si el sistema va a producir, sino cuánto va a durar produciendo. Lo que acorta la vida de una instalación costera rara vez es el módulo: es la estructura que lo sujeta, los tornillos que la arman, el punto donde se conecta la puesta a tierra, los conectores y las cajas.
La norma internacional IEC 61701, cuya edición vigente es la tercera, de 2020, describe secuencias de ensayo para determinar la resistencia de los módulos a la corrosión por niebla salina. Su propio alcance explica el motivo: los ambientes marinos pueden degradar con el tiempo componentes del módulo, desde las partes metálicas hasta recubrimientos y plásticos. Pero es un ensayo del módulo. Un fabricante lo dice sin rodeos en su manual de instalación: sus módulos pasaron la prueba de niebla salina, pero la corrosión puede aparecer igualmente donde el marco se une al soporte o donde se conecta la puesta a tierra.
Hay un segundo matiz que casi ninguna propuesta menciona. Las normas con que se califican los módulos parten de un ambiente típico, y una presentación de UL, organismo de ensayo y certificación, lo resume así: carga de viento de ensayo mínima de 2.400 Pa y corrosividad de leve a moderada. Un techo a pocas cuadras del mar Caribe puede estar fuera de ese supuesto. No significa que el sistema no sirva; significa que lo que la ficha no cubre lo tiene que cubrir el diseño.
¿Qué tan agresivo es el aire del Caribe? Lo medido y lo que no
La corrosividad de una atmósfera se clasifica con la norma ISO 9223 en seis categorías, de C1, muy baja, a CX, extrema. La guía de una asociación de galvanizadores que resume esa norma sitúa en las dos más altas los sitios a pocos cientos de metros del océano en climas subtropicales y tropicales. Pero la propia guía advierte que son orientativas y que la categoría de un sitio se establece revisando sus condiciones reales.
Esa advertencia importa. La asociación estadounidense de galvanizadores estimó con su modelo de predicción la velocidad de corrosión del zinc en ciudades de clima marino tropical como Miami, Cancún o Mazatlán, y el promedio cae en la categoría C3, media, no en las más altas. Ella misma avisa que el valor real cambia con las condiciones de cada sitio y de que su gráfico no representa las aplicaciones costeras. La conclusión no es que la costa sea benigna: es que el nombre del clima no da la categoría.
Para Colombia hay una medición pública. El Grupo de Corrosión y Protección de la Universidad de Antioquia expuso durante ocho meses probetas de acero al carbono, acero galvanizado y aluminio en 21 sitios del país, entre ellos una estación en la zona industrial de Cartagena y tres en Barranquilla. Para el galvanizado y para el aluminio, las cuatro estaciones más agresivas fueron esas cuatro, todas de influencia marina. El estudio encontró además que en las estaciones costeras la agresividad fue mayor entre enero y mayo, lo que relaciona con una mayor concentración de cloruros en esos meses. Enero es, además, época de vientos fuertes en el Caribe, según el IDEAM.
Dos precisiones para no leer de más. El estudio no asigna una categoría ISO a ninguna ciudad, así que quien te diga que tu barrio es C5 debería mostrarte con qué medición. Y sobre el aluminio concluye que su corrosión fue muy baja en todos los sitios, pero localizada: no se adelgaza de forma pareja, se pica. Es el tipo de daño que no se ve desde el piso.
El viento: qué dice la norma colombiana y qué no dice
El Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente, NSR-10, dedica el capítulo B.6 de su Título B a las fuerzas de viento. Su mapa de zonas de amenaza eólica divide el país en regiones según la velocidad básica del viento, que la norma define como la velocidad de una ráfaga de 3 segundos a 10 metros sobre el suelo en terreno abierto. Barranquilla y Cartagena están en la región 5, la de mayor velocidad en el territorio continental: 36 m/s, que son 130 km/h. Santa Marta queda sobre el borde oriental de esa misma región, de modo que la zona exacta de un predio la confirma el ingeniero con el mapa y no un artículo.
El archipiélago es otro caso. Tras el paso del huracán Iota, el Decreto 1711 de 2021 modificó la norma con velocidades de 200 km/h para San Andrés y de 220 km/h para Providencia y Santa Catalina, muy por encima de las del continente. Quien diseñe allí con una copia antigua del Título B estará usando el valor de la región 5.
Lo que la NSR-10 no hace es hablar de paneles solares: no aparecen en su texto. El cálculo se arma con las reglas generales, y hay dos que conviene conocer por su nombre. La de componentes y revestimientos, cuya presión de diseño no puede ser menor de 0,40 kN/m² en cualquier dirección normal a la superficie. Y la de estructuras y equipos sobre cubiertas de edificios de hasta 18 metros, que multiplica la fuerza por un factor de 1,9 cuando el área expuesta del equipo es menor que la décima parte de la fachada del edificio, ancho por altura. La norma pide además usar la categoría de exposición que produzca las mayores cargas, y frente al mar eso lo decide el ingeniero caso por caso.
Sobre el viento de todos los días hay menos datos públicos de los que parece. El IDEAM informó en enero de 2025, en un comunicado especial, de que los vientos fuertes en niveles bajos se habían fortalecido en el Caribe, como es típico de la época, con más frecuencia de ráfagas en Barranquilla y afectación general de las zonas costeras de La Guajira, Magdalena, Atlántico y Bolívar. En cuanto a los huracanes, los informes finales del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos sobre Iota (2020), Matthew (2016) y Julia (2022) documentan el golpe directo de Iota sobre Providencia, con categoría 4; Matthew pasó a menos de 150 km al norte de Punta Gallinas y Julia cruzó la Alta Guajira cuando aún era depresión tropical. Ninguno de los tres informes recoge vientos de huracán en la costa continental colombiana.
La norma está en revisión: el Ministerio de Vivienda informó en 2026 de que su análisis comparativo entre la NSR-10 vigente y la propuesta de actualización, el documento AIS 100-24, se presentó a la comisión asesora en febrero de ese año. Mientras no se expida un decreto, rige la NSR-10 con sus modificaciones.
Los 2.400 Pa de la ficha del panel no son tu margen
Muchas fichas técnicas anuncian dos cifras de carga mecánica: 5.400 Pa hacia abajo y 2.400 Pa hacia arriba. Es fácil leerlas como lo que el panel resiste al viento. No lo son. Los manuales de instalación de los propios fabricantes aclaran que se trata de la carga de ensayo, y que la carga de diseño se obtiene dividiéndola entre un factor de seguridad de 1,5.
Hecha la cuenta, 2.400 Pa de ensayo en succión equivalen a 1.600 Pa de diseño. Y esa cifra todavía depende de la fijación: las tablas de los manuales muestran que el mismo módulo admite menos carga según dónde se coloquen las mordazas y en cuántos puntos se sujete. Un montaje que agarra el panel fuera de las zonas que indica el fabricante puede dejar sin efecto la garantía, además de reducir la resistencia.
En un techo plano de la costa, donde el viento empuja el arreglo hacia arriba y las esquinas y los bordes de la cubierta reciben la mayor succión, esto deja de ser letra menuda. La pregunta útil para el instalador es doble: qué presión de succión calculó para tu cubierta con la NSR-10, y cuál es la carga de diseño del módulo con el método de fijación que va a usar. La primera debe ser menor que la segunda, y las dos deben estar escritas.
Qué exigir, componente por componente
La tabla resume qué pedir por escrito para cada parte del sistema y por qué. Ninguna de estas exigencias es exótica: son las que un proveedor que trabaja en la costa ya debería tener resueltas.
| Componente | Qué pedir por escrito | Por qué |
|---|---|---|
| Módulo | Certificado o informe del ensayo de niebla salina IEC 61701, con la edición y el método de ensayo (o la severidad, si es de la edición de 2011); y la distancia mínima al mar que admite el manual | El ensayo es del módulo y cada fabricante condiciona distinto la cercanía al mar |
| Fijación del módulo | Carga de diseño, no de ensayo, para el método de sujeción que se va a usar | La cifra de la ficha es carga de ensayo y baja según la posición de las mordazas |
| Estructura | Material, aleación y acabado: espesor del anodizado o del galvanizado en caliente, en micras | El RETIE no fija material ni recubrimiento para la estructura fotovoltaica |
| Tornillería | Grado del acero inoxidable y arandelas o separadores aislantes en las uniones con aluminio | En ambiente marino se ha observado picadura del aluminio alrededor de tornillos inoxidables sin aislar |
| Anclaje a la cubierta | Memoria de cargas de viento según NSR-10, firmada, con la región y la exposición usadas | La norma no trae coeficientes propios para paneles: alguien tiene que hacer el cálculo |
| Tableros y cajas | Certificado de producto que indique para qué tipo de ambiente se hizo el ensayo de corrosión | El RETIE distingue 240 horas de ensayo y 400 horas para ambientes corrosivos |
| Inversor | Grado de protección de la envolvente, ubicación prevista y condiciones de la garantía frente a ambiente salino | El RETIE no fija un grado mínimo para el inversor fotovoltaico en ambiente salino |
| Garantías | Confirmación escrita del fabricante o del distribuidor de que cubren tu distancia al mar | Varias garantías excluyen el ambiente marino o el acabado en zonas costeras |
Estructura y tornillería: aluminio, galvanizado, inoxidable y el par galvánico
El aluminio anodizado es la respuesta más habitual. La capa anódica protege al metal de la corrosión por picadura, y el sello de calidad europeo del anodizado explica que el grado de protección depende sobre todo del espesor de esa capa, que se va perdiendo con los años. La asociación estadounidense de anodizadores distingue para uso arquitectónico dos clases, de unas 18 y unas 10 micras, y advierte que las láminas baratas, con capas de unas 4 micras, no duran más que unos pocos años a la intemperie y mucho menos en ambientes costeros. De ahí la pregunta que hay que hacer: no si el perfil es anodizado, sino de cuántas micras.
El acero galvanizado en caliente protege con una capa de zinc que se consume. Una asociación de galvanizadores, apoyándose en las normas ISO, estima para la categoría C5, con recubrimientos de entre 55 y 85 micras, una vida de entre 6,5 y 20 años según el espesor, y de entre 2,2 y 10 años para la categoría extrema; y añade que en las categorías altas el galvanizado por sí solo tiende a quedarse justo y que conviene combinarlo con pintura. Como la categoría de tu sitio no está medida, el dato sirve para una cosa: exigir el espesor en micras y desconfiar del galvanizado delgado cerca del mar.
En tornillería, la referencia es el inoxidable con molibdeno, el tipo 316. La asociación internacional del molibdeno describe el sitio costero donde ese acero funciona bien: entre 200 metros y 16 kilómetros del mar, con exposición baja o moderada a la sal y, sobre todo, con superficies que la lluvia lava con regularidad. Las zonas resguardadas en climas cálidos y húmedos, que la lluvia no alcanza, las clasifica como severas. Los tornillos que quedan debajo de un panel son exactamente eso, y la misma asociación pone la proximidad al agua salada entre los sitios severos, donde advierte que el 316 puede mancharse y que puede hacer falta un inoxidable más resistente. Cerca de la playa, el 316 es el punto de partida, no una garantía. Por eso el lavado periódico de la estructura, y no solo del vidrio, forma parte del mantenimiento en la costa.
El cuarto punto es el contacto entre metales distintos. La corrosión bimetálica necesita dos metales en contacto eléctrico y un líquido conductor que los una, y el aire húmedo cargado de sal lo es más que la lluvia. La asociación británica del acero inoxidable recoge un caso que lo ilustra: en ambiente marino, peldaños de aluminio fijados con tornillos inoxidables sin aislar sufrieron picadura severa, mientras que en la misma escalera los tornillos con arandelas aislantes en buen estado no dejaron daño alrededor. La puesta a tierra añade otro par: el RETIE exige que el conductor de tierra de los equipos sea de cobre y que el marco de los módulos y la estructura se pongan a tierra, de modo que la unión entre cobre y aluminio existe en toda instalación y hay que resolverla con el terminal adecuado.
Lo que exige el RETIE, y lo que deja en tus manos
El Reglamento Técnico de Instalaciones Eléctricas vigente es el de la Resolución 40117 de 2024, modificado por última vez con la Resolución 40284 del 23 de junio de 2026. Sobre los paneles como producto dice dos cosas que tocan a la costa: si el fabricante declara que el panel es apto para lugares con alto grado de salinidad, la prueba de niebla salina debe hacerse conforme a la IEC 61701 o a una norma equivalente; y la versión de 2026 incluye además un ensayo de corrosión conforme a esa misma norma en la lista de ensayos del producto. Cómo se combinan las dos reglas no lo aclara el texto, así que lo prudente es pedir el informe del ensayo y no dar nada por supuesto.
Sobre la estructura, el reglamento pide que se tengan en cuenta el peso y las dimensiones del panel y sus dilataciones térmicas, de forma que los paneles no sufran esfuerzos que los dañen ni causen daños a la edificación, y que el diseño defina los accesos para montar, inspeccionar y mantener. No fija el material, ni el espesor del galvanizado o del anodizado, ni la tornillería, ni la carga de viento. Tampoco establece un grado de protección mínimo para el inversor de un sistema fotovoltaico en ambiente salino.
Donde sí entra en la corrosión es en tableros y cajas metálicas: deben superar un ensayo en ambiente salino de 240 horas como mínimo, y de 400 horas si son para ambientes corrosivos, y el certificado de producto debe indicar para qué tipo de ambiente se hizo la prueba. Es un dato que puedes pedir y comprobar.
La consecuencia práctica es incómoda pero clara. En la costa, cumplir el reglamento eléctrico no garantiza que la estructura dure. La durabilidad se decide en la especificación de materiales y en la memoria de cargas, y las dos dependen de lo que tú pidas y de lo que el instalador ponga por escrito.
Garantías: la distancia al mar está en la letra menuda
Los fabricantes tratan la cercanía al mar de formas distintas, y lo hacen en documentos que el comprador casi nunca recibe. En los manuales de instalación consultados para este artículo, uno fija una distancia mínima de 50 metros a la orilla y pide proteger los conectores entre 50 y 500 metros; otro admite la instalación a 50 metros o más, aunque en el mismo documento advierte contra los lugares con sal o niebla salina. Una garantía de módulos para cubiertas pone como condición que el sitio esté a más de 500 metros de la línea de costa.
En las estructuras pasa algo parecido. Hay garantías que excluyen del acabado los productos instalados en ambientes marinos de agua salada, otra que excluye las condiciones que el propio fabricante califique de corrosivas y los daños por huracanes, y una que reduce la garantía del acabado de cinco a tres años si el proyecto está a menos de dos millas, unos 3,2 kilómetros, de un cuerpo de agua salada o salobre.
No hay una cifra común del sector, y estos documentos cambian de versión. Lo que sí es constante es el método: mide la distancia en línea recta de tu cubierta a la orilla, pide el manual de instalación y el documento de garantía de la referencia exacta que te cotizan, y solicita por escrito que el fabricante o su distribuidor confirmen que la garantía cubre esa distancia. En Bocagrande o El Rodadero, muchas cubiertas están dentro de los primeros 500 metros. En Barranquilla el caso es distinto: el oriente da al río Magdalena y el norte a la ciénaga de Mallorquín, de agua salobre, separada del mar por una barra de arena; ahí hay que preguntar qué entiende cada garantía por costa.
Qué debe traer la propuesta
Con lo anterior, una propuesta para una vivienda o un comercio de la costa se puede revisar sin ser ingeniero. Estos son los documentos y los datos que deberían acompañarla; si falta alguno, pídelo antes de comparar precios.
- La distancia de la cubierta al mar y la confirmación de que los módulos y la estructura cotizados la admiten según su manual y su garantía.
- El informe del ensayo IEC 61701 del módulo, con la edición de la norma y el método de ensayo.
- La memoria de cargas de viento firmada por un ingeniero, con la región del mapa de la NSR-10, la categoría de exposición y la presión de succión en bordes y esquinas.
- La carga de diseño del módulo para el método de fijación propuesto, y el plano con la posición de las mordazas.
- El material de la estructura con su acabado en micras, y el grado del acero inoxidable de la tornillería.
- El detalle de cómo se resuelven las uniones entre metales distintos, aisladas o con el herraje del fabricante, y con qué terminal se conecta la puesta a tierra.
- El certificado de producto de tableros y cajas, con el tipo de ambiente para el que se ensayaron.
- El plan de mantenimiento: frecuencia de lavado, revisión del apriete después de la época de vientos fuertes e inspección de la tornillería bajo los paneles.
Los errores que más se repiten en la costa
Son descuidos que no se notan el día de la entrega y que aparecen al segundo o tercer año, cuando corregirlos obliga a desmontar.
- Aceptar «estructura de aluminio» o «tornillería inoxidable» sin aleación, grado ni espesor del acabado.
- Leer los 2.400 Pa de la ficha como resistencia al viento del montaje.
- Fijar los módulos fuera de las zonas de sujeción que indica el manual del fabricante.
- Unir aluminio, acero y cobre sin separadores ni terminales adecuados.
- Dar por buena una garantía sin comprobar qué dice de la cercanía al mar.
- Lavar el vidrio y no la estructura ni la tornillería que queda debajo.
- Instalar en San Andrés o Providencia con las velocidades de viento del continente.
Preguntas frecuentes.
No hay una distancia única ni una norma colombiana que la fije: la pone cada fabricante. En los manuales y garantías consultados aparecen mínimos de 50 metros, medidas adicionales entre 50 y 500 metros y una garantía que exige más de 500 metros de la línea de costa. Mide la distancia de tu cubierta a la orilla y pide por escrito que el fabricante o el distribuidor confirmen que la garantía la cubre.
El mapa de amenaza eólica de la NSR-10 las ubica en la región 5, con una velocidad básica de 36 m/s, 130 km/h, definida como ráfaga de 3 segundos a 10 metros de altura. Santa Marta queda sobre el borde de esa región. La presión real sobre el arreglo depende además de la altura del edificio, de la exposición y de la posición de los paneles en la cubierta, y la calcula un ingeniero.
Sirve como requisito mínimo, no como garantía de durabilidad. El ensayo evalúa la resistencia del módulo a la corrosión por niebla salina, pero no la unión del marco con la estructura ni la puesta a tierra, que es donde suele empezar el problema. Pide el informe con la edición de la norma y el método de ensayo: la edición vigente, de 2020, habla de métodos de ensayo, no de severidades.
Los dos pueden funcionar si se especifican bien, y ninguno si se compra por precio. En el aluminio pregunta el espesor de la capa anódica en micras; en el galvanizado en caliente, el espesor del zinc, porque de él depende la vida del recubrimiento y en atmósferas muy corrosivas se consume en pocos años. En cualquier caso, la tornillería debe ser inoxidable, y las uniones entre metales distintos deben ir aisladas donde no tengan que conducir, o resueltas con el herraje que indique el fabricante.
No. El RETIE, modificado en junio de 2026, pide que la estructura considere el peso, las dimensiones y las dilataciones del panel y que no dañe la edificación, pero no fija material, recubrimiento, tornillería ni carga de viento para los sistemas fotovoltaicos. Las cargas de viento se calculan con la NSR-10 y los materiales los define el diseño. Por eso deben quedar escritos en la propuesta.
En los tres informes consultados, los vientos de huracán documentados en Colombia son los del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina: Iota golpeó Providencia en noviembre de 2020 con categoría 4, y el Decreto 1711 de 2021 elevó las velocidades de diseño a 200 y 220 km/h. Los informes del Centro Nacional de Huracanes sobre Iota, Matthew y Julia no reportan vientos de huracán en la costa continental colombiana; en Barranquilla, Cartagena y Santa Marta el diseño responde a la velocidad básica del mapa de la NSR-10.
No hay una frecuencia fijada por norma: depende de la distancia al mar, del polvo y de la lluvia del sitio. Lo razonable es revisar el apriete y el estado de la tornillería después de la época de vientos fuertes de comienzos de año y lavar con agua dulce la estructura y los herrajes que quedan bajo los paneles, porque la lluvia no los alcanza. El manual del fabricante de la estructura debe indicar los pares de apriete.
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